por César Palacio y Patricia Berman

Acerca del Primer Encuentro de Fileteadores Porteños en el cine El Plata, de la la mano de César Palacio. (Fotógrafo del Evento)

Sobre la parte de investigación e historia del Filete… alguien se ocupó y lo hizo muy bien desde los años 70… Nicolás Rubíó, en los comienzos de la difusión de este Arte. Presente en el encuentro, emocionando con su metralla de anécdotas,  en su conferencia del día 3 de agosto y en los debates del día 4 también.

La sala llena, fileteadores entre maestros y anónimos, muchos en su admiración provocaron un inminente mutismo y por respeto no daba ni para acercarse a saludarlos…

La exposición de las obras, fue lograda de manera tal que se pueden ver los cuadros de los “Maestros” del Filete, al lado de otros que aún no se sienten como tal. Dando lugar así, a la pluralidad de encontrar a  los referentes y sacarse una foto recordando esta fiesta.

Artistas que  plasman este arte en diferentes soportes, desde carros, instrumentos, Filete de caballete, cartelería, objetos de colección restaurados, y donde la imaginación los lleve a dejar su impronta artística plasmada.

Una fiesta que tuvo música, poesía, brillo y sabor a que nos falta más por hacer, y así se hará seguramente con el entusiasmo y el apoyo desinteresado de quienes aman este arte-oficio.

Momentos que me emparentaron, el relato de Héctor Bonino en su discurso inicial, citando a Kandinsky en cuidar espacios y dejar ver como los objetos se tensan dentro de un marco, me remonto  pintando… donde el único testigo era la luz,. Entre el pincel y el soporte un espacio sin gravedad como lo veía Ángel Planells y acomodar todo lo que  flota a nuestro alrededor y darle la armonía, como  ahora.

Maestros hoy nos deleitan, entre espirales, botones, dragones bigotudos y otros, caballos con cuello de acanto o diamantes suspendidos en el aire.

Esa magia aun nos sorprende y sorprenderá, siempre que se sienta la voluntad de empuñar un pincel…entre  bucles, cortes y ornatos, llene de color  y alegría un soporte que antes no hablaba, y se transforme en un fileteado porteño.

Mi oficio de congelar movimientos, gestos y emociones, me hizo sentir feliz y orgulloso de formar parte de este grupo. Que ya a esta altura puedo decir amigos…